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domingo, 28 de diciembre de 2014

The Hyde Inside - El monstruo que llevo dentro.

Noches tormentosas sin dormir, escuchando el zumbido de la televisión de fondo  mientras que las imágenes se reflejan con un flash sobre la retina del ojo, mostrando lo vacío que se está en esa gran habitación en la cual la oscuridad no hace otra cosa que ahogarnos, tal como lo hace un asmático cuando busca desesperadamente su inhalador. Pero en este caso se sabe qué es lo que podría relajar a esta bestia que se encuentra escondida en el interior, necesita ser sedado para no cumplir con su función destructiva, aunque esa contención conlleva una activación de un mecanismo autodestructivo que es paulatino y silencioso, es solo una bomba de tiempo, que les va estallar en la cara a todos, el problema es cómo manejarlo, cómo hacer para retrasar el reloj, ya que parece que no hay manera de desactivarlo.
            La desesperación y el cansancio, tratan de convencer a la parte que aun se encuentra conciente de que se rinda y libere a la fiera, la inquietud se siente en el ambiente, como cuando uno observa a un animal enjaulado yendo de un extremo a otro, recorriendo cada rincón de su confinamiento, la ansiedad no solo se ve en el movimiento, sino que el cuerpo muestra los signos del agotamiento con el sudor y la pérdida de coherencia. De esta forma solo parece ser que se necesita de un químico que entre al organismo y lo intoxique para que no se produzca esa transformación violenta, ya que la alternativa sería dejar salir al animal que se cansó de ser correcto y educado, de seguir las reglas y el camino que se le han impuesto, el cual ha cuestionado en su interior desde el primer momento en el cual ha tenido memoria, pero que sin embargo siempre decidió evadir, conformando a todos, pensando que de ese modo su vida sería más fácil. Haré lo que mi dueño me ordena, así tendré comida, techo, y seguridad, moveré mi cola para hacerle saber cuan grandioso es. Pero al final de cuentas, incluso la mascota más fiel muerde la mano de su amo, es el simple reflejo de lo que todos ocultamos dentro, de lo que hemos sepultado bien profundo cada minuto de nuestra vida, aunque deberíamos recordar que los problemas nunca se van, solo resurgen en algún otro momento en el cual parecemos tener todo bajo control. Esto es simple, la perfección no existe, es solo una búsqueda por algo inexistente y utópico.
            Muchas veces se puede apreciar esa incapacidad para manejar la situación, el miedo por arruinarlo todo, más aún la sensación de que todos capten la farsa que uno ha interpretado magistralmente por años, incluso de una manera tan magnifica que logró llegar al autoengaño de que uno podía cambiar, evolucionar desde el capullo hasta la mariposa increíbles con su complejo matices de colores, pero la moraleja de la naturaleza se aplica a nuestro ser, se será imponente para perecer rápidamente, nos convertiremos en nada, un vacío incluso más profundo que el patético estado inicial que estábamos tratando de evitar. ¿Qué se puede esperar cuando lo que uno hace es solamente caer bruscamente en un espiral descendente de involución?. No queda mucho en que pensar, escapar a ese mundo idílico donde todo es tal cual lo queremos, algo así como si tuviésemos una máquina que entrelaza la líneas del tiempo y el destino, y lo podemos moldear hacia donde deseemos, alterando todo hacia nuestra voluntad, para alcanzar lo que creemos que es la felicidad. El problema es cuando esta pseudo felicidad que por otro lado es artificial porque solo vive en nuestra propia realidad virtual, tampoco cumple con su objetivo, y la película que antes veíamos con claridad, ahora es borrosa y sin efecto de contención a esas emociones encontradas y contradictorias. Se está a un paso del desastre, y todas las ovejas están durmiendo en el paraje del lobo hambriento que se haya merodeando.
            No sé cual es la respuesta, desde que detecté este monstruo en mi interior intenté encontrar la solución a la incógnita, muchas veces pienso tener el resultado, pero al realizar la verificación encuentro fallas en la resolución. Aún busco toparme con el resultado de mi acertijo, pero sigo despertándome con una respiración descontrolada cuando logro conciliar el sueño, es la bestia que trata de escapar mientras que mis defensas están relajadas, aun sigo insatisfecha conmigo misma, viendo el mal camino elegido, y dándome cuenta que los intentos de enderezarme han sido desviaciones de esa misma ruta, que en algún momento retorna a su matriz de origen. Sé que todo lo que me rodea, todo lo que hago, todo lo que soy no está bien. Evito hacer lo que me llena, por conformar a los demás, si me rebelo todo se complica por haber malcriado a los niños, y terminaría como los perros del Instituto Pasteur a quien nadie reclama, y tarde o temprano terminan en el crematorio. Y de esta manera llegamos al núcleo de mi problemática, lo que simplemente me acorrala, como las hienas a su presa, es que a pesar de toda esta lucha, siempre el punto parece ser la sedación de una forma u otra, la pasiva, o la completamente activa y explicita, para ser más clara, o vivís en un mundo de fantasía hasta que se derrumba como una torre de cartas, o te metes cuanto fármaco te aguante el cuerpo, que en definitiva lleva a que la bestia sea un sonámbulo con posibilidad de reaccionar, pero en sí ese camino lleva inevitablemente a la destrucción. Entonces uno piensa, no existe manera de convivir con ese otro yo, ese alter ego, que en sí puede ser la verdadera personalidad de uno. ¿Entonces qué?, infelices, vacíos, e insatisfechos de por vida, sin nada que lo haga sentir a uno realizado, sino más que nada quejándose por lo que no se pudo, por lo perdido, concluyendo siempre en una eterna reflexión melancólica, que conduce a una depresión y pesimismo constantes. Estoy harta de vivir así, y nadie me puede decir que no lo intento, pero también me cansé de esas respuestas que terminan siendo preguntas retóricas como la serpiente que muerde su propia cola, atascados en un eterno infinito sin sentido. Creo que es muy obvio hacia donde conduce todo, las destrucción con la muerte que conlleva sigue siendo una opción, pero la mía, debido a que creo que nadie merece sufrir lo que mi Hyde quiere liberar, ya que si eso sucedería, prepárense, porque Hiroshima y Nagasaki quedarían como una anécdota tan insignificante similar a como se aprecian las diminutas estrellas del firmamento ante nuestra capacidad visual.
            Siento en mi pecho su presión que proviene desde mis entrañas, quiere escapar, no soporta más esta prisión, y yo por mi lado no sé si poseo la fuerza para contenerlo, y en ocasiones me tiento con liberarlo y que satisfaga sus placeres. Después de todo, ¿cuántos podemos trascender a nuestra muerte?, ¿cuántos podemos ser recordados por un período de tiempo prolongado?. No voy a caer en la hipocresía de la eternidad, pero el destino final es el mismo, ser el polvo y el abono para la tierra, la cuestión es ¿de qué manera transcurrimos el tiempo, y acaso vale la pena hacerlo de la manera en la cual lo realizamos?. Sé que no voy a trascender, y que tengo altas probabilidades de ser recordada por muy pocos y por un tiempo no prolongado. El sin sentido queda expresado en su extremo, y la pregunta es, por cuánto tiempo más voy a sostenerlo.

            Quizás deba hacerle caso a esa idea que revolotea en mi mente, y decidir de una vez abrir la puerta a mi Hyde para dejarlo salir a jugar por un rato.

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